miércoles, 9 de julio de 2008

HABLANDO DE ADICCIONES..cuando la realidad supera la ficción

Hablar de adicciones no es fácil, esa fue la frase inicial del primer discurso (y único, por suerte) que di en una escuela cuando estábamos entregando manuales para alumnos de Primer año de polimodal del distrito de Coronel Pringles. No se trata de una frase hecha, es real, porque hablar de este tema implica hablar de “lo diferente”, de “lo desconocido”, del rechazo, de la enfermedad, y algo aún peor, de una enfermedad social, que vino para instalarse y quedarse de manera perdurable. El Lic. Claudio Mate(1), define a la adicción como una Sociopatía, en donde la comunidad en su conjunto se ve de alguna forma u otra involucrada. Al adicto (persona que padece de una enfermedad), lo rodea una familia, un barrio, una escuela, una comunidad, y su padecer lo despliega en todos estos ámbitos que lo circunscriben y que a su vez lo enferman. La adicción, por decirlo de otra manera, se trata de un círculo vicioso, en donde la persona se enferma por cuestiones externas e internas.
Un sujeto es un Ser Social por naturaleza, nace inmerso en una sociedad y se forma a su “imagen y semejanza”. Que le dice hoy la sociedad a un sujeto?: “Para ser, tenés que tener, tenés que consumir”. Ese mensaje se da de pequeño, pasamos de la muñeca “Barbie” de la primera infancia, al jean “Sólido, Koxis, o “levi´s”, de la adolescencia. Pasamos del yogurt “Actimel” a la cerveza “Quilmes” o al “Fernet con Coca”, porque la sociedad nos vende, y el qué consumimos simplemente depende de que edad tengamos. Qué pasó por el camino?, Cómo se instaló la idea de que la única manera de “tolerar” la realidad es consumiendo, es salir y abusar de las cosas, del alcohol, de la marihuana, etc.?
El aparato psíquico (la mente para que se entienda fácilmente), tiene un proceso de formación que concluye posteriormente al paso de la adolescencia. Hay una etapa (muy importante en esta conformación) que se llama Narcisismo (*), en donde básicamente el sujeto coloca toda la energía en si mismo y esto genera un pensamiento omnipotente del “todo lo puedo, no hay obstáculo que me impida llegar a donde quiero ir”, pero la realidad en algún momento de la vida dice: “si no mirás más allá de vos te quedás sólo”, y tenés que salir, mirar hacia fuera, y muchas veces esa realidad no es de nuestro agrado y nos frustramos porque las cosas no son tal y como las pensábamos. Si el sujeto no puede aprender de estas circunstancias, y no genera una idea de que la “vida no es siempre color de rosa”, no desarrolla la tolerancia a la frustración, y busca los caminos más cortos, los “atajos” para conseguir esa satisfacción que se le está negando en el momento.
Hoy uno de los principales problemas que tenemos es que no hay muchos adultos (que ya pasaron por esta experiencia), que le digan al joven en pleno desarrollo, en plena formación, en pleno aprendizaje: “las cosas pueden salir mal, y no importa, si te equivocas, podés mejorar para la próxima”. El adulto en general hoy no cumple el rol de generador de normas, de transmisor de reglas, se cree que si se es muy duro, se puede traumar al niño, y que si se es muy blando, también. Y se queda en un paréntesis apagado que no es ni una cosa ni la otra, se queda en un intermedio tibio, vacío de contenido, de significado, de palabras. No hay nada que genere más angustia en el psiquismo que la falta de significado; la transmisión de mensajes amorfos. El joven crece en este mundo adulto plagado de incoherencia, que ya es bastante difícil de entender para el propio adulto, cómo se lo podemos explicar a un joven? “Tomar alcohol hace mal…pero mamá si anoche en tu cumpleaños había más botellas de cerveza que adultos”. “No podés dormir?...tomate esto que me recomendó la vecina que es buenísimo!”. “Fumar trae cáncer de pulmón….pero si papá fuma desde que yo tengo uso de razón!”. “Las drogas “queman” el cerebro….pero compráte el jean L’evis porque si no, no existís”. Así crece el joven, en un mundo invadido de dobles mensajes, permanentes…eternos…en una sociedad en donde los adultos no sabemos como ser adulto. Cuando hablo de esto, siempre me gusta citar al Dr. Hugo Miguez(2), que explica esta cuestión tomando como ejemplo a Harry Potter. Harry es un niño mago que cuando nace sus padres fallecen, y es criado por unos tíos malvados que le hacen la vida imposible. Cuando crece se va a una escuela de magia, en donde la figura del director (un mago de mucho prestigio y experiencia llamado Dumblendore) aparece como una figura paterna que aconseja y acompaña a Harry en la dura tarea de crecer sin padres que lo acompañen. En el primer libro “Harry Potter y la piedra filosofal”, en un momento dado Harry se encuentra frente a un espejo que refleja los deseos más íntimos del ser, y ese espejo lo refleja junto a sus padres y feliz, cosa que le era por demás extraña al protagonista. Y se queda fascinado muchas horas frente al espejo que le devuelve la imagen de lo más anhelado, y vuelve día tras día a ver ese reflejo, totalmente irreal. Hasta que un día el maestro Dumbledore le aconseja: “Por soñar, no te olvides de vivir…”. Hugo Miguez concluye este ejemplo preguntándose, cuántos adultos hoy le dicen eso a un niño? No se trata de ser “aguafiestas”, se trata de generar este hecho tan importante que es tolerar que las cosas no siempre salen bien, no siempre el deseo se cumple. Hay que ir en búsqueda permanentemente del deseo, porque eso es motor de la vida, si el deseo se satisface de manera inmediata, se tapona, se paraliza, y eso hace que la vida pierda sentido, que no valga la pena. Hoy el límite de la adolescencia es la muerte. Es una frase fuerte, pero el adolescente vive al borde de manera permanente. Abusa del alcohol hasta desmayarse en un coma alcohólico, lo mezcla con energizantes y pastillas. Conduce ebrio. Se fuma un porro. Se arroja debajo de un tren y se filma con su celular, para “colgar” en un blog su “valentía”. El limite es la muerte, porque no hay nadie que le ponga un corte a esto, no hay nadie que le diga que hay un futuro, que no está todo perdido, y que la adolescencia pasa, y los malos momentos también. Lo único que sigue siendo evidente para el joven es la contradicción del mundo en que le tocó vivir.
La propuesta desde mis años de experiencia trabajando con adictos (8 años), escuchando cual es su malestar, sería la siguiente: El padre tiene que ser padre, el adulto tiene que ser adulto, ser padre no es ser amigo, ser adulto es poner límites y coherencia aquello que no lo tiene. No es pensar que uno trasmitiendo su propia experiencia le soluciona la vida a su hijo, la experiencia es algo que se adquiere transitándola y no se puede transmitir aquello por lo que es necesario atravesar. Pero la experiencia le da al adulto la posibilidad de aconsejar, de acompañar, y de ver que si su hijo esta equivocado en lo que hace, decirlo sin invadirlo, se trata entonces de reglar sin reprimir, de acompañar, sin invadir.

(1) Lic. Claudio Mate. Es Diplomado en Administración de Salud y Seguridad Social de la Universidad Nacional de La Plata desde 1991 y Licenciado en Psicología, egresado de la Universidad de Buenos Aires desde 1988. También acredita una Maestría en Administración de Salud y Seguridad Social, cursada en Instituto Universitario de la Fundación Isalud (1998). Desde marzo de 2002 ha sido Subsecretario de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires. Fue Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires durante el año 2007.
(*) Narcisismo: “Introducción del narcisismo” es el primer texto en el que Freud desarrolla su posición en referencia al narcisismo. Así tenemos que “El narcisismo, en este sentido, no sería una perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación, de la que justificadamente se atribuye una dosis todo ser vivo” (ibid. Pág. 71-72) O sea que el narcisismo estaría íntimamente ligado a las pulsiones yoicas o de autoconservación, las cuales serían lo opuesto a la libido de objeto o pulsiones sexuales. Entramos aquí en una première del dualismo que tanto defendió Freud. Dualismo que partiría de una concepción doble de la existencia biológica: un ser mortal, individual, que tendría como fin a sí mismo (autoconservación) y otro ser inmortal, plasma germinal que sería tan sólo un eslabón en la cadena de la vida (quizás más fácil de pensar en nuestros tiempos, con el desarrollo de la genética).
(2) Dr. Hugo Miguez. Graduado en Psicología en la Universidad de Buenos Aires, ha realizado estudios sociales en la Universidad Nacional de Costa Rica. Se desempeñó como director del Departamento de Investigación del Instituto Nacional sobre Alcoholismo y Fármacodependencia de Costa Rica y en dos oportunidades recibió el Premio Acta de Investigación para América latina. Desde 1986 es investigador del CONICET, y consultor de diversas agencias internacionales vinculadas a la investigación y educación, y de organismos dependientes de las Naciones Unidas. ic. Laura Markels. Psicóloga. Egresada de la Facultad de Psicología de Buenos Aires.
Integrante del Centro Provincial de Atención a las Adicciones de Coronel Pringles, dependiente del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, desde el año 2000 hasta la actualidadLic. Laura Markels. Psicóloga. Egresada de la Facultad de Psicología de Buenos Aires.
Integrante del Centro Provincial de Atención a las Adicciones de Coronel Pringles, dependiente del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, desde el año 2000 hasta la actualidad








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