Hoy, desde esta columna propongo realizar una reflexión al respecto de nuestra participación en la vida democrática y por lo tanto en la vida de la Republica misma.
Asistimos a un proceso de democracia electoralista por el cual el ciudadano de la Nación deja de ser tal y pasa a ser solo un habitante que cada dos años es convocado a emitir su voto, como único acto de participación cívica. En muchos casos un voto pauperizado por las circunstancias económicas o influido por motivos personales poco asociados a la vida en comunidad. Un ejemplo de esto ultimo es el “voto cuota” de la década del 90. También es visible la falta de identidad de grupo. A la vista está que por lo único que hemos sido capaces de juntarnos como sociedad es por la defensa de lo más sagrado que supimos conseguir y defender………………… el bolsillo. El ejemplo de esto es el cacerolazo de la clases medias y altas cuando les acorralaron sus ahorros. Se soporta la corrupción, la miseria, los atropellos….. pero a no meterse con el bolsillo…
Pero ¿Cuál es la alternativa que tienen las personas comunes para cambiar la realidad? Se resume en dos palabras: COMPROMISO Y PARTICIPACIÓN.
La propuesta es simple, dejar de ser meros habitantes del territorio argentino para pasar a ser ciudadanos comprometidos con la realidad de su medio. Tomar responsabilidades en las cuales se deje de decir para pasar a hacer. Participar para dejar de quejarnos como práctica cotidiana para pasar a ser actores del cambio, en el lugar que a cada uno le toque o para lo que esté preparado, pero siempre participando. Debemos dejar de ser meros analistas y críticos de lo que nos pasa, y para eso los argentinos somos los mejores, para pasar a involucrarnos activamente en mejorar la calidad de vida del conjunto. Pensemos también que los cambios no son grandes revoluciones. Se comienza a cambiar desde lo más pequeño. Si mejoramos nuestro barrio, nuestro club, nuestros espacios de participación social, cultural y deportiva, si después seguimos por mejorar nuestra ciudad; de esa manera vamos a sembrar la semilla de un lugar mejor para vivir. No solo nosotros……… pensemos a largo plazo, pensemos en nuestro hijos y nietos. Que sean ellos los que cosechen los frutos de lo que nosotros hoy sembramos.
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Asistimos a un proceso de democracia electoralista por el cual el ciudadano de la Nación deja de ser tal y pasa a ser solo un habitante que cada dos años es convocado a emitir su voto, como único acto de participación cívica. En muchos casos un voto pauperizado por las circunstancias económicas o influido por motivos personales poco asociados a la vida en comunidad. Un ejemplo de esto ultimo es el “voto cuota” de la década del 90. También es visible la falta de identidad de grupo. A la vista está que por lo único que hemos sido capaces de juntarnos como sociedad es por la defensa de lo más sagrado que supimos conseguir y defender………………… el bolsillo. El ejemplo de esto es el cacerolazo de la clases medias y altas cuando les acorralaron sus ahorros. Se soporta la corrupción, la miseria, los atropellos….. pero a no meterse con el bolsillo…
Pero ¿Cuál es la alternativa que tienen las personas comunes para cambiar la realidad? Se resume en dos palabras: COMPROMISO Y PARTICIPACIÓN.
La propuesta es simple, dejar de ser meros habitantes del territorio argentino para pasar a ser ciudadanos comprometidos con la realidad de su medio. Tomar responsabilidades en las cuales se deje de decir para pasar a hacer. Participar para dejar de quejarnos como práctica cotidiana para pasar a ser actores del cambio, en el lugar que a cada uno le toque o para lo que esté preparado, pero siempre participando. Debemos dejar de ser meros analistas y críticos de lo que nos pasa, y para eso los argentinos somos los mejores, para pasar a involucrarnos activamente en mejorar la calidad de vida del conjunto. Pensemos también que los cambios no son grandes revoluciones. Se comienza a cambiar desde lo más pequeño. Si mejoramos nuestro barrio, nuestro club, nuestros espacios de participación social, cultural y deportiva, si después seguimos por mejorar nuestra ciudad; de esa manera vamos a sembrar la semilla de un lugar mejor para vivir. No solo nosotros……… pensemos a largo plazo, pensemos en nuestro hijos y nietos. Que sean ellos los que cosechen los frutos de lo que nosotros hoy sembramos.
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Lisandro Matzkin
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