En estos tiempos de reflexión, coincidentes con la asunción de nuevas autoridades, a pesar de la decepción de muchos, del escepticismo de unos cuantos, los menos guardamos una luz esperanzadora de un verdadero cambio en la sociedad argentina. Tantos son los males que nos aquejan, que no podemos encontrar la punta de este enredado ovillo.
Sospecho que muchos compartirán mi aflicción sobre la decadencia de la educación. Todos, los que en mayor o menor medida hemos sido partícipes de la escolarización de futuros ciudadanos, sabemos que nos alejamos a pasos agigantados de aquella generación acádemica que generó en nuestro país dos premios Nobel en ciencias. Fuimos acreedores de las universidades más prestigiosas de Latinoamérica. ¿Qué nos pasó? ¿Quiénes son o fueron los responsables? Seguramente estarán pensando en una lista infinita de motivos para explicarlo y de culpables hacia los cuales dirigir la acusación. Personalmente pienso que todos formamos parte de esa lista, ya que tenemos la misma responsabilidad. Somos cómplices por no hacer, y dejar que otros hagan.
La educación es tarea fundamental de padres y docentes, es una idea ampliamente difundida y con la que aparentemente todos estamos de acuerdo. Pero la realidad es que a la hora de ponerla en práctica solemos pasarnos la pelota con tanta agilidad como los basquetbolistas de la NBA. Los padres relajados, a veces indiferentes, preocupados por las crisis, corriendo detrás de realizaciones personales o simplemente bienestar económico, luchando a capa y espada por nuestros espacios. Los docentes como representantes de una labor cada vez más desvalorizada, faltos de motivación, que llegan a las aulas en muchos casos como alternativa de una “salida laboral “. Somos todos víctimas y victimarios… Es por eso que surge el interrogante ¿Qué hacer? ¿Continuar buscando soluciones externas, atajos que nos liberen de responsabilidades?
No soy partícipe de la crítica sin construcción, es decir el limitarse a señalar las fallas sin apuntar soluciones, prefiero el hacer, el construir, el trabajo silencioso. Creo en los cambios que se generan desde adentro, que nacen en lo más cercano, en nuestras familias, en nuestros entornos laborales, y sociales, en el rol que cada uno desempeñe en la sociedad. Como decía Einsten “ El ejemplo no es una forma de enseñar, es la única”.
Pensemos en dar buenos ejemplos, los niños nos observan constantemente y copian nuestras actitudes, somos sus modelos a seguir, esto nos exige que empecemos a generar el verdadero cambio, empecemos por nosotros, no necesitamos más leyes, sólo tenemos que respetarlas y cumplirlas a rajatabla.. Después hablaremos de la cultura del trabajo, del esfuerzo, pero primero seamos coincidentes en el decir y en el hacer… Tal vez si nos involucramos y nos comprometemos en esta tarea ejemplificadora nuestras futuras generaciones puedan construir los cimientos de una Argentina diferente.
Sospecho que muchos compartirán mi aflicción sobre la decadencia de la educación. Todos, los que en mayor o menor medida hemos sido partícipes de la escolarización de futuros ciudadanos, sabemos que nos alejamos a pasos agigantados de aquella generación acádemica que generó en nuestro país dos premios Nobel en ciencias. Fuimos acreedores de las universidades más prestigiosas de Latinoamérica. ¿Qué nos pasó? ¿Quiénes son o fueron los responsables? Seguramente estarán pensando en una lista infinita de motivos para explicarlo y de culpables hacia los cuales dirigir la acusación. Personalmente pienso que todos formamos parte de esa lista, ya que tenemos la misma responsabilidad. Somos cómplices por no hacer, y dejar que otros hagan.
La educación es tarea fundamental de padres y docentes, es una idea ampliamente difundida y con la que aparentemente todos estamos de acuerdo. Pero la realidad es que a la hora de ponerla en práctica solemos pasarnos la pelota con tanta agilidad como los basquetbolistas de la NBA. Los padres relajados, a veces indiferentes, preocupados por las crisis, corriendo detrás de realizaciones personales o simplemente bienestar económico, luchando a capa y espada por nuestros espacios. Los docentes como representantes de una labor cada vez más desvalorizada, faltos de motivación, que llegan a las aulas en muchos casos como alternativa de una “salida laboral “. Somos todos víctimas y victimarios… Es por eso que surge el interrogante ¿Qué hacer? ¿Continuar buscando soluciones externas, atajos que nos liberen de responsabilidades?
No soy partícipe de la crítica sin construcción, es decir el limitarse a señalar las fallas sin apuntar soluciones, prefiero el hacer, el construir, el trabajo silencioso. Creo en los cambios que se generan desde adentro, que nacen en lo más cercano, en nuestras familias, en nuestros entornos laborales, y sociales, en el rol que cada uno desempeñe en la sociedad. Como decía Einsten “ El ejemplo no es una forma de enseñar, es la única”.
Pensemos en dar buenos ejemplos, los niños nos observan constantemente y copian nuestras actitudes, somos sus modelos a seguir, esto nos exige que empecemos a generar el verdadero cambio, empecemos por nosotros, no necesitamos más leyes, sólo tenemos que respetarlas y cumplirlas a rajatabla.. Después hablaremos de la cultura del trabajo, del esfuerzo, pero primero seamos coincidentes en el decir y en el hacer… Tal vez si nos involucramos y nos comprometemos en esta tarea ejemplificadora nuestras futuras generaciones puedan construir los cimientos de una Argentina diferente.
Nora I. Corazza
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