El domigo 10 de julio fui con toda mi familia a la kermesse de Compromiso Pringles. Fue el primer "evento social" de Isabel (ya de un mes y una semana) en una tarde espléndida.
El tema es que, un poco por mi permanente extrañamiento y otro poco por venir de la ciudad, me resultó una experincia novedosa. ¿Por qué? Un numeroso, nutrido y diverso grupo de personas pasándola bien.
Sin negar la creatividad política de Compromiso, en la kermesse la gente se reune, más allá de las diferencias, por una misma condición: la de vecinos.
El paisaje era tan familiar como raro para mí. Charlábamos con el Dino mientras él se entusiasmaba con una porción de torta; los peques invadiéndolo todo; Yaya bailando como Piñón Fijo; Lisandro sacando fotos y charlando a diestra y siniestra. Martín y Norita, me encantó cómo cantaron y ni hablar de los pasos de Casco bailando en su lugar. Señoras charlando, equipos de mate, pibes sacándose fotos con la pantera rosa, el Pelado y Ambrosio enchufados y poniéndole onda y la lista puede seguir.
En la ciudad no hay experiencias así. Donde la gente se acerque a uno, sin apuro, sólo con el objeto de charlar aunque no te conozca. Qué lindo el día, qué grande están los chicos y cómo ves las elecciones. No es tan importante el tema del diálogo como el vínculo que se genera o se potencia: el de vecinos.
Sí, la kermesse es una movida de un partido político. Pero los que van responden de una manera que excede lo político. Y eso no se puede manejar. Mucha gente sintiéndose cómoda y pasando una tarde en familia, sin líos ni complicaciones. Todo fluye tan naturalemente que casi es inentendible para mí.
Vecinos donando su trabajo, su tiempo y la gente responde. Me felicitan por Isabel a cada rato y yo agradezco los cumplidos. Para cuando nos vamos de la kermesse pienso, "la pucha, a esto tranquilamente podría acostumbrarme... a sentirme vecina de mis vecinos".
Paula Fusari
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